sábado, 29 de agosto de 2026

Opinión: Tres gobernadores en 15 días y 24 meses de toque de queda autoimpuesto.

Para los creativos es algo común que durante el día nos lleguen ideas y nos cimbren como si fuera una cucaracha voladora. A veces la idea es tan poderosa que se nos olvida que estamos a punto de darle un sorbo al café. La creatividad ni se cultiva ni se entrena, ocurre.

Lo sucedido en Sinaloa los últimos 24 meses es indignante, lo ocurrido en las últimas 2 semanas es una burla. Y aun así, seguramente será mejor que lo que nos espera la próxima semana.

Un gobernador con licencia acusado por Estados Unidos de tener nexos con el crimen organizado anunciando en su twitter que regresa a la gubernatura en viernes a primera hora, para volver a pedir licencia 35 horas después en sábado. El Congreso Local —del que nadie se acuerda— sesionó hasta el siguiente lunes para aprobar el regreso del gobernador a sus funciones, aprobar su segunda licencia y se quedaron con el pendiente de nombrar al gobernador o gobernadora interina porque pese a todo, el grupo del gobernador se niega a perder el control del estado.

La decisión de solicitar la segunda licencia no fue, por supuesto, un acto de decencia. Fue motivada por un extenso tuit de la presidenta, quien, sin decir nombres describió las acciones del gobernador desde una óptica de principios y la absoluta falta de ellos. Solo le faltó criticarle los lentes.

Tras un lunes de suspenso legislativo —donde entre pasillos circularon varios nombres, incluido el de un "joven" político «anti-rochista»—, el martes desde temprano se filtró la decisión: la elegida era la ex secretaria de Educación estatal y diputada federal con licencia. Una licencia que, irónicamente, había pedido para venir a Sinaloa a hacer actos anticipados de campaña rumbo a 2027. Pues bien, el deseo se le cumplió por adelantado, sin escalas y sin la pena de andar recorriendo colonias bajo el sol con 50° de agradable temperatura .
 
El miércoles antes del mediodía y desde la CDMX, la «vicepresidenta» del partido oficial —la titular real despacha en Palacio— destapó a la elegida entre 12 desconocidos suspirantes para defender la 4 centrifugación. La ungida fue una dos veces senadora, actualmente con licencia, cuyo historial es por demás revelador: en 2018 hizo fórmula con el gobernador acusado y en 2024 repitió con el senador señalado por los gringos. Este último, por cierto, pasó de ser defendido a capa y espada durante cuatro meses a convertirse en «el apestado» del que todos se desmarcan y al que ya nadie conoce.
 
Como si faltaran eventos que exhibieran los acuerdos cupulares y el nado sincronizado de los grupos de poder en Sinaloa, ese mismo viernes los dos partidos rémora del oficialismo se apresuraron a nombrar a la dos veces senadora como su «precandidata» a la gubernatura para el 2027.

Y para rematar la jornada, la gobernadora interina anunció que mantendrá intacto el gabinete: un equipo de funcionarios 100 % alineados con el rochismo y cargados de antecedentes de corrupción, principalmente por la asignación directa de obras públicas a proveedores amigos de los «juniors del bienestar» sinaloenses.

 

Me pregunto cuál es el punto de ebullición de una ciudadanía que, pese a todo esto, no pasamos de la indignación en Twitter. 

La crisis de violencia le cayó «como anillo al dedo» —diría el clásico— a la 4T en Sinaloa. Ya nada nos sorprende. Los sinaloenses, y en particular los culichis, nos acostumbramos a todo: nos adaptamos, ajustamos rutina y horarios a un toque de queda autoimpuesto, y permitimos que los políticos nos roben hasta la tranquilidad.

  

De salida: El lunes 24 de agosto hubo una protesta ciudadana en el Palacio de Gobierno de Sinaloa. Los medios locales y nacionales reportaron cien asistentes y las imágenes en foto y video confirman el número. En una mesa de análisis, la titular de la Comisión de Elecciones de Morena atribuyó «la poca asistencia» a que la gente sigue apoyando a su partido porque sabe distinguir «lo bueno de lo malo» del actual gobierno. No es que faltaran asistentes; lo que faltó fue convicción.

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