En el mundo actual, pretender ser un «experto en todo» no es solo difícil: exige cierta dosis de cinismo, poca dignidad y absoluta falta de vergüenza.
Hoy, la mayoría percibe el narcisismo como un defecto o incluso como un desorden mental. Y sin embargo, la vida en colectividad nos ha conducido a este punto: un lugar donde quienes no nos creemos genios, nos creemos dioses.
Y ahí es donde entran los vendedores de humo, posando como gurús iluminados. Te prometen la ruta exacta para llegar a donde ya ibas, pero su verdadero truco es otro: cobrarte por enseñarte cosas que en el fondo ya sabías.
Pero no hay que tomárselo todo tan en serio. Al final, para entender la profundidad de sus grandes ideas solo hay que verlas como lo que son: tonterías adornadas con intentos de razón.