El tiempo vuela cuando te diviertes; todo se reduce a eso. Las responsabilidades son aburridas, pero siempre se encuentra la manera de hacerse pendejo. Funciona para casi todo.
La idea de “cambiar al mundo” sonaba peligrosa hace veinte años; hace diez, ingenua; hace cinco, simplemente aburrida. Es el efecto inevitable de la realidad: golpearte la cara cada vez más fuerte, usando tus propios sueños para abofetearte mientras se ríe en tu cara.
Pero nunca es tarde. Siempre hay margen para ser un poco más imbécil.
Dicen que las redes sociales son adictivas y seguro que sí: abundan los expertos y la gente seria explicándolo. Pero quizá lo verdaderamente adictivo es cómo necesitamos validación externa hasta para confirmar que el agua moja.
Algo así me sucedió la semana pasada cuando vi la conversación entre Thom Yorke y Harry Styles que Rolling Stone subió a YouTube. Son cincuenta y ocho minutos de video y, aunque soy fanático absoluto de toda la música que hace Yorke, sencillamente no logró engancharme... y confieso que esperaba leer críticas que validaran mi opinión para no sentirme culpable.
Al principio pensé que el problema era la dinámica: Harry Styles en modo fan, desbordado en piropos hacia un Thom Yorke que transitaba entre el agobio y el aburrimiento, haciendo evidente el enorme esfuerzo que le representó participar en la charla y posar para las fotos de esa edición.
Quizá el único momento rescatable de la charla fue el relato de Styles sobre cómo conoció a Yorke en una calle de Roma de una forma totalmente incidental.
Luego vinieron los comentarios ligeros y coloquiales de Yorke, de esas que los sitios especializados de música convierten de inmediato en titulares sensacionalistas: que se arrepiente de haber escrito “High and Dry”, que “Codex” no le convencía del todo, que no tenía ganas de salir de gira tras el OK Computer y que Kid A nació de la urgencia de alejarse de las guitarras y del reto que eso implicaba para la bandaA.
Definitivamente, hubiera preferido tener a Thom Yorke una hora sentado con Rick Beato, hablando de sus acordes raros, sus ritmos raros e intrincados, y lo que de verdad importa: la música.
Esta es la charla:
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